lunes, 11 de diciembre de 2017

VOLVER






Viento
Nieve, blanco, agua, piedra. La luz en el musgo. Abismo. El tiempo. Tu silencio. La flor que vive arriba solitaria.


Mi ruido. Mi codicia. Latidos cansados, alma de plástico, manos cobardes, ojos ansiosos.
Lo poco que tengo te anhela.
Lo poco que soy, 
te ama.





Nunca me suelo acordar del "día de..."
Hoy es el día internacional de las montañas. Y yo no tengo una foto reciente de ellas para poner, pues hace un poco que no voy. Y la quiero reciente. Debería volver. Porque no es ir, sino volver.

Les dedico, sin embargo, mi flor tejida en punto en la cortina de la ventana a la que frecuentemente me asomo para verlas a lo lejos. De qué color visten hoy, cuántas nubes las cobijan, si las ronda el arco iris...Hoy sí. Las ronda.

¿Os acordáis de cuando en el cole nos mandaban hacer una "redacción" sobre un tema? Eso ya no sé si existe, o si se llama así. Probablemente se llame "expresión escrita de texto y percepción de la realidad del sujeto  orgánico que la firma"...o algo así; y la calificación de la misma se llame, tal vez, "adecuada, muy adecuada, no adecuada, muy poco adecuada, y peligro: sujeto subversivo" Es posible, tal vez. Antes era de 0 a  10, o de insuficiente a sobresaliente, o en su defecto, "el próximo día que no la traigas hecha te vas a enterar, y tu mamá también"

Al grano. Hoy voy a hacer una breve redacción. Se titula: Las Montañas.

Las montañas son elevaciones de la corteza terrestre provocadas por los movimientos de las placas tectónicas.
Existen muchas clases de montañas...aunque todas ellas tienen una característica en común: a los hombres, a partir de un cierto momento en su evolución cultural, les ha dado por subirlas. Por escalarlas, conquistarlas. De diversas formas y en diversos matices, diríamos que las montañas, sagradas desde tiempo inmemorial, han acabado por embrujar al ser humano.

Pero, ¿que fuerza o deseo extraño nos lleva a hacer eso? Para unos, simplemente que están allí. Que ya es bastante sutil, aunque a priori no lo parezca. A otros les mueve el afán conquistador, a otros el ansia de superación personal, otros son románticos, otros deportistas, otros todo a la vez. No tienen porqué tener nada en común estas personas. De hecho, la mayoría de conversaciones y discusiones sobre este tema, acaban como "el rosario de la aurora"...y eso os lo cuento yo, que lo visto...

Al margen de "etiquetas" y otros intereses y juicios de valor...
....yo sólo quería decir que vivo la montaña, desde muy pequeña, como una parte de mi misma. No entendería la vida si no existieran.
La montaña, al igual que una segunda madre, me lo ha enseñado todo. Mi madre de verdad me enseñó a ir a ellas.
Las mejores decisiones de mi vida las he tomado respirando allá arriba. Los momentos más lúcidos los he experimentado en sus valles altos. Las emociones más profundas, más arraigadas, las que mejor podrían definirme, fueron cinceladas entre sus rocas, desventíos, majadas, ventisqueros. Mi esencial forma de ser mana de sus formas, del estruendo del viento en sus poderosas paredes, del agua cayendo furiosa por las canales y canchales, de mirar sus abismos y los fondos eternos de sus jous.
Cualquier matiz, en último término, en que mi mente percibe el mundo, y a mi misma, fue parido en las experiencias que pasé en ellas. El miedo y el valor, la incoherencia y la templanza, la belleza y el horror, la felicidad y el hastío.

Todo.

Y mi cuerpo se acostumbró a sus curvas, al esfuerzo, a caminar por caminar hasta que la mente queda vacía, a la resistencia, la lucha ...y la recompensa.
Cuando este mundo de pvc y sonrisas made in benzodiazepinas y compañeras me ahoga, sólo tengo que volver a mirarlas, están grabadas en mi mente y en mi corazón, esculpidas en mis venas, tatuadas en la mielina de mis neuronas.

Y sólo quiero volver. Todo el rato. Todo el tiempo. Y sólo entiendo las cosas de la vida imaginándolas como una ruta sin retorno por los senderos de sus bosques, por sus laderas, valles, canales, paredes, collados, horcadas, cascadas, precipicios, bosques. Cumbres.
He sido a veces muy crítica con la actitud de algunos montañeros, su exposición al riesgo, su purismo....pero es inevitable. Les pertenezco. Al final, no hay nada que entender. Hasta la gente que te quiere lo entiende cuando te ven allí. Aunque duela y cueste. Es muy fácil de comprender cuando se va y se siente lo mismo.

Debería volver....










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