martes, 7 de noviembre de 2017

OTOÑO AMARILLO










Creo que fue Antonio Gala el que dijo en una ocasión en que le entrevistaron, que todos los males del mundo tienen su raíz en un defecto, o en un exceso de amor. 
Por tanto, de odio también , podría deducirse.

De aquella no había Twitter ni Whats App. Ni todo lo demás. Aunque mi bisabuelo, el pasiego, sabía escribir, y leer; y les enseñó a hacerlo a todos sus hijos. Y los llevó a la escuela. Había buenas escuelas, buenos maestros. Llevaba diarios impolutos, extraordinarios, de detalles cotidianos. Tenían una humilde pero buena vida.
Todo cambió más tarde , esta vez no en otoño, sino en unos nefastos meses de  primavera-verano.

Todo ha ido muy deprisa. Desde que mi bisabuela encendió por primera vez aquel otoño dos  bombillas en su casa, una arriba y otra abajo,  y otra en las cuadras para poder ordeñar mejor, cuando le decían sus vecinas aquello de "que caro es, Cita...ya verás..." y luego, cuando vieron hacerse aquella luz amarilla al apretar el botón, iluminarse el mundo de repente...  se fueron para sus casas diciendo "que barato es, que barato es..Cita..tenías razón".

Algo más tarde, como decía, el cielo del otoño se tornó en cielo de postguerra. Siempre me ha hecho "gracia" que le llamaran postguerra al tiempo en el que hubo más muertos. Luego todo vino rodado: motos, coches, camiones. La carretera de Asturias dio mucha vida, y el ferrocarril, y las minas. Aunque Cita (esta Cita, ya mi abuela), se fue igualmente. "Estás loca", le decían.."ya volverás..."
Jamás volvió; a aquel pueblo oscuro, de lobos y rencores..
Su trabajo como ferroviaria, independiente toda su vida. Los estudios de sus hijas. Su casa propia en León.
 Sus nietos. Y el resto de su larga vida junto a ellos.

Y luego, mucho más luego, las redes. La supercomunicación. La que algunos llaman La más horripilante soledad, para otros sin embargo es una revolución en toda regla, un mundo nuevo, con infinitas posibilidades. Y que palia, precisamente la soledad. Si es que no la fomenta para poder seguir a toda máquina.

Mi abuela y su generación...esa sí que tuvo que adaptarse. Y mis padres. A todo. Y rápido. Esos que no son X , ni Y, ni Millennials. Lo que hay que oír. 
Comer pan negro, llevarle a tu marido a la cárcel algo a escondidas para que no se comiesen sus compañeros y él,  los ratones a la brasa.  A las varias cárceles que recorrió; San Marcos, Valencia de Don Juan, Figuerido, Burgos ...esta última dicen que la peor. Mucho para contar.
Todo esto después de varios años por los montes asturianos, perdido; como perdido quedó medio pueblo: unos porque se fueron a luchar, y otras, porque los fueron a buscar. Y ya no las dejaron volver, hasta dos años después. Así, con lo puesto.
Después, los indultos. No para todos. Y al final, una vida deshecha, como consecuencia inevitable de todo aquel sufrimiento en vano. De la vida en la cárcel. Del desaliento. Y sin paga, ninguno; no como otras, aquellas viudas que ganaron.
De quitarles las vacas a los soldados (unos y otros) a las mujeres, que fueron las que quedaron en los pueblos. Solas. Y las mantas, y todo lo que tenían. De aguantar que tirotearan las paredes de su casa por la noche (por error, dijeron). De hacer zapatos con las gomas negras que venían por el río de los residuos de las minas. De que a unas niñas de cinco y siete años no las dejaran cantar en el coro por ser hijas de "un rebelde", o les cerraran las puertas, o les llamaran....Y de muchas más cosas. Anécdotas. Vivencias. Su vida, una vida real.

"Para que luego me digan que porqué soy roja", decía a veces, alguna: alguna mujer. "Para que luego digan que lo olvide" "Para que luego digan que perdone" "Para que luego digan..." Hay mucha memoria y muchas historia en los labios de las mujeres. Fueron las que quedaron, fueron las que callaron, y las que lo vieron. Y fueron ellas, sobre todo, las que nos lo contaron a nosotras.


Saber escribir, leer, haber viajado y estudiar a los hijos.  De ellas aprendí, entre otras muchas cosas, que el amor no duele.

De todo aquello.....para ver esto.

Esto, está muy bien (o estaba) Pero nos ha hecho blandos, egocéntricos, débiles. A veces incluso estúpidos. Sabemos tanto de todo...que Sócrates a nuestro lado sería un pokemon virtual. Igual ni eso. 
O eso pensamos.

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De aquella no había redes sociales. Pero hablo de otro "aquella", ahora. Porque de todo lo que quiero decir, siempre se me cuela lo que no iba primero. 
De aquella, hace bien poco en realidad, sólo recuerdo el sonido inconfundible de sus patas corriendo y revolviendo las hojas amarillas. Sus cuatro patas, amarillas también, bien largas, se movían con una coordinación que nunca he conseguido comprender, como me pasa con los pentagramas. Corría en una dirección, luego en la contraria. Si se ponía muy contento, se revolcaba en la alfombra mullida de hojarasca recién caída, y entonces olía muy bien el aire...Debían haberse caído allí átomos del sol, y habían quedado ocultos esperando, tal vez, que unas patas largas y doradas como la canela les dejaran escapar hacia la atmósfera en su patalear anárquico y contundente.
Todo lo demás era igual. El agua helada en la fuente de piedra, el musgo reviviendo sobre los bancos tallados hace tanto, y el arrullo de los álamos lejanos al moverse sus copas con el viento. Y ese silencio tan lleno de mensajes que captan los poros de la piel. Y sólo ellos.

Sólo cambia que él no está. Porque sé que no está. Lo sé porque soy "de ciencias". Pero muy pocos me creen cuando les digo que le escucho trotar , que veo moverse otra vez las hojas como si viniera veloz por el camino, que huelo entonces el ozono nuevo que nace del suelo, que siento que ha pasado a mi lado como un torbellino, como un tornado, como una tormenta inesperada. Y noto su amor, ese que no duele. Ellos, los pocos que están conmigo hoy, también lo notan, y también lo ven.

Me abandono a la sensación plácida, como si ya hubiera comido sin haberlo hecho, que me produce visualizar su imagen. Thor. Mi perro amarillo, mi perro de color canela.

 Es curioso como a partir de un entorno que nos ha marcado, podemos construir una realidad que ya pasó. Quizás exista esa cosa de las energías, algo queda en alguna parte si alguna vez lo fue. 
Parecido a un viaje en el tiempo, pero sin moverse del sitio: un presente ambarino, ocre, centelleante.Como el que alguna vez soñó mi abuela. Como el que alguna vez imaginó mi abuelo. Quizás en Burgos, quizás helado, quizás y con suerte, con algún ratón cerca...en algún otoño amarillo.





*Que lío me he armado con mi abuela y mi bisabuela :) Y eso que las distingo perfectamente...Evidente y afortunadamente, mi abuela ya nació y creció conociendo luz eléctrica en su casa. Aunque según que zonas, lo de evidentemente sobraría.
**Yo escribo en el blog "en fresco", no hago plantillas previas, no tengo tanto tiempo, y me gusta hacerlo así; corrijo sobre la marcha. Sé que a veces hay errores, disculpas os pido. Por lo demás, nada más decir que mi familia me educó de forma que yo tuviera toda la información necesaria y objetiva para comprender quienes fueron, qué pasó, quién soy. Desde el respeto, y desde el rechazo al odio, siempre. A estas alturas no estoy completamente segura de si sé quién soy...pero si estoy segura de que estoy mucho más cerca de saberlo.
Gracias por vuestra comprensión y compañía. Un beso.















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